Mi amiga y yo llegamos el sábado al mediodía porque hicimos noche en Pomona, muy lindo camping. Fiel a mi pronóstico, en Playas Doradas no había un alma. Agotados todos los temas de conversación y la “puesta al día”, a las pocas horas con mi amiga ya estábamos sin saber qué hacer. Y entonces llegaron. Un contingente con más o menos diecinueve buzos hombres y cuatro mujeres buzos también. Y, piolas los flacos, nos dijeron, vénganse a la playa y les prestamos unos snorkels y hacemos apnea. Fuimos, con el clima como mencioné al principio.
Yo arrugué. El agua estaba muy fría. Pero mi amiga que no sabe nadar, ya estaba con el visor y el snorkel puesto en medio del agua. Yo tenía el agua a la cintura y dije, definitivamente me vuelvo. Pero ya me había agarrado una ola y listo, me dijo el flaco, ya estás empapada. Y bueno, me terminé de meter.
Debo decir que ellos tenían trajes de neoprene y tal vez su intención de ser hospitalarios fue lo que los incitó a que los siguiéramos. Después en verdad, averigüé que no; su intención era que tuviésemos la experiencia del buceo, actividad que Gabriel, que fue quien nos invitó, ama y se fanatiza al punto de ser el tema de conversación de todas sus charlas. El hecho es que se veían puras algas, porque al estar sin traje, tampoco nos podíamos alejar más allá. Y me encantó. Adoro el agua y me encanta nadar y la verdad, me hubiese gustado poder adentrarme más. Una vez que se me pasó el frío inicial, no tenía ganas de salir. Pero por precaución, estuve solamente diez minutos.
